
Una espera anciosa llena de alegría y curiosidad. ¿Qué sería ese maldito lugar?, la única pregunta era esa. Por fin llegó la hora y el momento y escuchó esa bocina que desde afuera resonaba mezclada con un poco de risas y gritos que provenían desde adentro del auto. Se paró, asomó su cabeza por esa bendita ventana y se dió cuenta que sí eran ellas. Eran sus amigas, las personas que hacían de ella otra persona. Una persona jodona y capaz. ¿Capaz para o de qué? Capaz de volver a ser una niña y de un instante a otro transformarse nuevamente en una adolescente con un toque de madurez pero sin dejar la diversión otrás. Sigamos con la secuencia. Recogió su cartera, las llaves, el abrigo, saludó y se fué. Esa caminata hasta el auto fue tan exitante. Sintió como un fuego por dentro, alegría y emoción al mismo tiempo. Entró y un saludo a cada una de esas personas que la cambiaron. Y el viaje hasta el lugar podría asegurar que fue el más divertido, el mejor en muchísimo tiempo. Risas, carcajadas, alegrías, incoherencias, boludeses, palabras sin sentido. Son algunas de las cosas que nunca queremos oir, pero que cuando faltan las extrañamos. Y así hasta allí, la pasaron muy bien, pero este fue solo el comienzo de la noche.
Al llegar al lugar bajaron, entraron, ya una música de fondo se oía y la emoción se hacía cada vez más grande. Entraron y el encuentro con sus amigos fue insólito. Los saludos, pero una vez más ella cayó. ¿Por qué? Porque estaba él. El dueño de su pensamiento, el dueño de su vida, el dueño de sus planes, el dueño de su vida. La ignorancia recibida fue tal que en un momento de fragilidad ella pensó en hacer cualquier cosa. Se atrevería a hacer lo que jamás hubiese hecho. Se sentía capaz de cambiar el mundo, se sentía capaz de tantas cosas. Tenía el mundo en sus manos. Pero en un momento él desapareció y ya no fue lo mismo, porque pasaron diez minutos, veinte, treinta hasta pasar una hora. Y llegó la hora de irse, la hora de despedirse de todos. Y él no aparecía, a ella hasta miedo le agarró de que le pasase algo. Y con un tremendo nudo en la garganta se retiró. Con la peor bronca se fue. Tenía ganas de llorar por miedo, tenía ganas de romper todo a causa de que cuando ella se decidía él desaparecía. Y así fue siempre, siempre que ella tenía el mundo en sus manos ya era demasiado tarde. El viaje de vuelta podría decir que no fue tan bueno como la ida. Ya que este estaba lleno de bronca, furia, rencor. Hasta pensó en ir a la casa :| Quién haría eso? Sólo ella, sólo ella...
UN POCO DE DELIRIO A VECES NO LE HACE MAL A NADIE.