
Y allá, a lo lejos, escuchó pasos, olió un muy particular aroma, miró y nada veía, pero algo había. Corrió y en el campo se enredó, se levantó como si nada hubiera pasado y siguió su camino. No sabía bien a qué se debía, pero se sintió "segura", volvió a ver las cosas a su manera, vivió con la pura adrenalina que hacía mucho no sentía. Sus pasos ahora sí eran firmes, ahora sí podía caminar con la cabeza en alto, pero lo mejor de todo era que no había perdido su esencia.