viernes, 10 de julio de 2009


Me levanto, muy temprano, miro el celular buscando esa satisfacción que busco todo los días, pero fracasa con sólo subir el slide y ver la maldita hora.
Todo el tiempo pienso en una llamada, un sms que me sorprenda. Pero todos los días es lo mismo, nunca pasa nada. Y voy acostumbrándome, aunque es difícil no tocar el celular apenas me levanto. Pasó la mañana, una mañana común y corriente como siempre, sin nada fuera de lo común. Almuerzo, escucho música, todo normal. Pero los segundos, los mi minutos y las horas pasan, mis pensamientos fluyen y no tengo nada más en qué pensar. Tu imagen me desespera, hubiera preferido colgarme con algo más, buscar una solución pero todavía no encontré el antídoto. Dicen que a veces es peor el remedio que la enfermedad, y yo la verdad no sé ni dónde estoy parada. Continúo, son las 14:00hs, leo. Y sigo leyendo, algo que me atrapa, intento no pensar. Son las 15:
00hs, y sigo leyendo, pero ésta vez se me parte la cabeza del dolor. Intento no pensar, pero parece que con intentar no basta, porque seguís acá y es muy difícil cambiar de pensamiento. Que locura, sona las 15:25hs, y sigo acá, sin nada qué hacer, sin un sms, sin una llamada.
¿Ya dije que hoy iba a ser un día común y corriente?